Los hijos y el concepto de Régimen de visitas

De todos es sabido que ante las situaciones de separación, divorcio o nulidad, se imponen una serie de reglas pactadas por los progenitores o impuestas por un juez, que vienen a regular el tiempo que el progenitor no custodio debe de pasar con sus hijos. Lo más importante es que antes de llegar a esta situación, los padres hayan sabido resolver de manera eficaz el conflicto, con el objetivo de que los menores se puedan adaptar con éxito a esta nueva etapa.

Lo que sí debemos de tener en cuenta es que las situaciones de divorcio, ya sean de mutuo acuerdo o contenciosas, viene a resolver una situación de crisis que se estaba produciendo en el ámbito familiar y que de alguna manera afectaba al interés superior de los menores. En esa misma línea, hay que procurar ofrecerles un hogar estable y un nuevo estilo de vida basado en acuerdos centrados en sus necesidades educativas, emocionales y de salud. La relación que ambos progenitores, por separado, tengan con sus hijos van a ser vitales en la construcción de su identidad, ya que sentarán las bases de nuestro "ser" como personas.

La realidad es que al romperse la relación, se rompe el hogar, y por consiguiente la convivencia. Uno de los progenitores tiene que abandonar la vivienda y se convierte en el "no custodio" viéndose sometido a la imposición de un calendario que determina cuando y donde tiene que disfrutar de sus hijos. Los legisladores determinan que debe de ser así, ya que la excesiva flexibilidad puede acusar problemas en la reorganización de las actividades de los menores.

Desde mi punto de vista, volvemos al principio del beneficio o interés superior de los menores, que debe de prevalecer por encima de los intereses de los padres, por lo tanto, a quienes se les impone el régimen de visitas es a los niños con su progenitor no custodio, no al contrario. Al visitarme mis hijos a mí, estos me dan derecho a que yo pueda ser partícipe de sus procesos de salud, educativos, de control de sus relaciones interpersonales y en definitiva de "vigilancia" del desarrollo de su personalidad.

Volviendo al concepto de "régimen de visitas", entiendo que es una construcción social que nace de esa necesidad de resolver desavenencias originadas en las relaciones familiares, y que a mi juicio, tiene unas connotaciones que chocan con los sentimientos, el amor y la libertad de los hijos y los padres a verse cuando y donde quieran. Como diría Matías Prats, "permítanme que insista", pero debemos de pensar sobre dicho concepto y cambiarlo por otro donde la doctrina lo conciba como un medio idóneo para fortalecer el afecto y las relaciones de los hijos con su padre o madre no custodio.

Tanto las convenciones internacionales, como la legislación y la jurisprudencia de distintos países le dan a las relaciones entre padres e hijos un carácter inalienable, abarcando las manifestaciones de afecto, de trato continuo y comunicación permanente.

Las relaciones entre los hijos con sus padres no custodios, se suceden en el hogar, en una familia. Los hijos no van de visita a casa de su padre/madre no custodio, van a su casa, a su dormitorio, a su ducha, su cocina, van a su hogar, las visitas las realizan los amigos y los parientes. Por tanto, es necesario que nos replanteemos un concepto alternativo del régimen de visitas, por otro menos jurídico y más cercano, que defina los momentos de placer que un hijo pasa con su padre o madre. Si me permiten sugiero el de "espacios de convivencia".

Parafraseando al sociólogo Zyugmunt Bauman, tenemos que procurar entre todos, que el arte de romper las relaciones y salir ileso de ellas no supere al arte de componerlas.

Artículo de Pedro Sedano Romera

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Los Niños del Divorcio

LOS PADRES QUE VAN A SEPARARSE DEBEN DECÍRSELO A LOS HIJOS PARA NO CREAR FALSAS EXPECTATIVAS DE RECONCILIACIÓN Y EVITAR LA SENSACIÓN DE ABANDONO.

La gran mayoría de los divorcios tienen consecuencias traumáticas para la pareja y también para sus hijos. Si bien evitar el daño emocional a los niños resulta una tarea casi imposible, los padres pueden mitigarlo si les explican de forma correcta qué supone la separación y dejan muy claro que:

"Ellos (los hijos) no tienen nada que ver con la ruptura y que no van a ser abandonados"

Mentir y ocultar la próxima marcha del padre o la madre de casa puede tener repercusiones muy negativas en el posterior comportamiento del menor, que puede llegar a culparse de lo sucedido o albergar falsas esperanzas sobre una eventual reconciliación.

La forma en que los padres comunican el divorcio a sus hijos resulta determinante para que la aclimatación a una situación tan complicada sea lo menos dolorosa posible.

Si un niño no ha sido informado con antelación y de repente deja de ver a su padre o a su madre, su primera reacción puede ser imprevisible. Pensará que ha hecho algo que ha disgustado a su padre o a su madre y que esa es la razón por la que se ha ido. O culpará de lo sucedido al miembro de la pareja que se quede con él en la vivienda.

Como norma general, es muy importante que:

 "Ambos padres digan conjuntamente a los niños que han decidido dejar de convivir, transmitiéndoles que sus hijos tienen que tener muy claro que ambos van a seguir ejerciendo sus roles de siempre y que, por tanto, no van a perder a ninguno de los dos"

En la práctica, no resulta tan sencillo. A veces los niños reciben la información demasiado tarde y se tiene que enfrentar súbitamente a una realidad a la que no encuentran explicación. Además, en muchas ocasiones, el impacto emocional de un divorcio no se acaba con la firma de los papeles, sino que se prolonga en el tiempo con conflictos relacionados con la pensión alimenticia o con el régimen de visitas. En este supuesto, los hijos escuchan casi todos los días reproches entre la pareja y algunos asumen por error que tienen que renunciar al padre o a la madre para evitar estas descalificaciones verbales.

DE MUTUO ACUERDO

La asimilación social del divorcio como algo “natural” ha favorecido en España el incremento de las separaciones consensuadas frente a las contenciosas.

Una separación no debidamente anunciada o el llamado divorcio emocional – los padres siguen viviendo juntos a pesar de que ya no se quieren – pueden hacer que un niño alegre esté todo el día triste, que uno muy abierto se cierre a los demás o que uno muy despierto esté casi siempre ensimismado.

SITUACIONES DE “ALTO RIESGO” PARA LOS HIJOS

Estas son las más frecuentes:

NIÑO ESPÍA:
El padre o la madre lo utilizan para conocer la nueva vida del otro. Saber del ex cónyuge a través de los hijos, es uno de los errores que más frecuentemente cometen las parejas ya separadas.

Esta curiosidad lleva a preguntas para conocer qué hacen y qué lugares visitan y si papá o mamá tiene novio o novia. El niño se encuentra ante “un conflicto de lealtad”. Si no contesta, desagrada a quien le pregunta y, si lo hace cree que no gustará o disgustará al otro, creyendo que puede provocar enfrentamientos: haga lo que haga siempre estará mal hecho.

NIÑO DIVIDIDO:
Los padres sienten la necesidad de negar la existencia del otro. Culminada la ruptura son muchos los padres que intentan borrar todo recuerdo de su anterior pareja. Para ello, no le nombra y se ignoran acontecimientos relevantes vividos por el hijo durante su estancia con él o ella. En este caso, las preguntas no existen. Algunos niños aprenden a llevar una doble vida: cuando están con uno es como si no existiera el otro. Les fuerzan a vivir en una realidad dividida. Incluso la negación del otro progenitor se extiende a su familia.

NIÑO COLCHÓN:
Soporta descalificaciones de un progenitor contra el otro y su familia, intentando amortiguar las descalificaciones y, si es necesario, mentirá o se responsabilizará él mismo de las actuaciones paternas o maternas.

NIÑO HIPERMADURO:
Ve sufrir a sus padres y aparentan que la noticia de la separación no les afecta. Creen que sus padres sufrirán más si los ven preocupados y ocultan lo que piensan. El problema es que los padres crean que es una demostración de madurez del hijo y hasta lo valoren de modo positivo, cuando en realidad es nefasta para el hijo.

NIÑO CONFIDENTE:
Los padres le cuentan sus problemas más íntimos de pareja, siendo utilizados como confidentes por uno de los padres. En este caso, al hijo se le hace depositario de detalles, de vivencias íntimas, utilizando al niño como figura de apoyo emocional.

¿QUÉ DECIR, CÓMO DECIRLO?

RUPTURA:
Comunicar que es una decisión conjunta, aunque uno de los dos no quiera separarse. Al considerar que ésta es unilateral rechaza compartir con el otro progenitor la responsabilidad de informar conjuntamente a los hijos. Esta actitud perjudica seriamente a los niños.

INFORMACIÓN:
Es muy importante que los niños los sepan.
Las explicaciones iníciales a los hijos deben ser generales, sin demasiados detalles, y se deben ampliar con el paso del tiempo. El niño debe ser informado cuando la decisión ya está tomada, nunca antes, ya que de lo contrario de genera ansiedad e incertidumbre. Los niños deben ser informados porque están capacitados para comprender la realidad en la que están viviendo.

SIN DETALLES:
Hay que anunciar el cambio con tacto.
Hay frases que nunca deben decirse, como por ejemplo: “Tu padre/madre no me deja quedarme en nuestra casa, me echa de casa”, “tu padre/madre tiene una aventura con otro/a”; o “si a papá o a mamá le importaras, no daría este paso”. Hay que evitar todos los pormenores dolorosos para el niño.

SIN VUELTA A ATRÁS:
Dejar claro que es un paso muy meditado.
Al niño le tiene que quedar claro que no puede hacer nada para cambiar esta decisión, que es una decisión tomada por los padres y que los niños no tienen la posibilidad de cambiarla. Es importante repetirles una y otra vez que la decisión afecta sólo a los padres y que los hijos no son culpables de la ruptura.

CONVIVENCIA: Decir a los hijos con quién se quedarán. A veces, para calmar la ansiedad del niño, se puede caer la tentación de decirle que nada va a cambiar. Esto es un error. Al contrario de lo dicho anteriormente, es necesario hablar precisamente sobre el modo en que la separación de la pareja afectará a sus rutinas y a su vida cotidiana y dejarles claro con quién va a vivir.

SIN VICTIMISMO:
Evitar todo lo posible los dramatismos.
“A partir de ahora solo tengo a mis hijos; ellos son los que me cuidan”, “ahora, hijos míos, nos hemos quedado solitos porque papá/mamá ya no quiere estar con nosotros”. Son ejemplos de actitudes de alto riesgo para la salud psicológica del menor. Frases de este tipo generan un nivel muy alto de ansiedad y confusión y aumentan los sentimientos de inseguridad.

NI BUENOS NI MALOS.
Insistir en que no hay ni víctimas ni culpables.
La decisión de ruptura definitiva debe presentarse a los hijos de común acuerdo. Aunque esto no corresponda con la realidad. Es importante que los padres aparquen sus emociones. De este modo se evita que el niño piense alguna vez que hay un padre bueno y un padre malo.

 SIN FANTASÍAS:
No hay que mentir sobre la separación.
“Tu padre se ha ido de viaje”. Algunos padres ceden ante el sentimiento de lástima y mienten a sus hijos con este tipo de expresiones en la creencia de que de esa manera sufren menos. Sin embargo, con estas actitudes contribuyen sin darse cuenta a dificultar la aceptación de la separación y también la adaptación a una realidad que, cuanto antes se produzca, será mucho mejor.

SIGUEN LOS VÍNCULOS.
El niño tendrá siempre al padre que se va.
Cuando los padres deciden de forma conjunta comunicar la separación a sus hijos deben hacer hincapié en que:

"Se ha extinguido el vínculo de la pareja, pero no el vínculo padre/madre hijo.

Los padres pueden dejar de ser pareja, pero jamás de ser padres"

 

Una madre explica al hijo que de su separación él no es responsable.

Querido hijo:

Aunque estuvimos hablando en casa quisiera reiterarte algunas cosas que para mí son importantes y que deseo que tú las conozcas.

Cuando te mande la semana pasada el SMS que decía “Siento haberte confundido con mi actitud de la última semana, Hasta Siempre” estaba expresándote un sentimiento que, cuando me llamaste al recibir el mensaje, quedamos en que teníamos que hablar despacio.

Y de ello quiero hablar contigo, déjame que te lo explique:

Si tu madre “resucitó” en la primera semana de octubre, fue fundamentalmente por dos razones:

  1. Me siento tremendamente orgullosa de ti. Este orgullo supera a cualquier otro sentimiento.
  2. El que tú puedas cumplir tu deseo de estudiar Periodismo en la Complutense me generaba y genera una gran ilusión. Me veía reflejada en ti. Tú, habías podido cumplir un sueño que yo hace 27 años no pude y de alguna manera a través de ti, yo conseguía cumplir aquella ilusión de juventud.

Quiero intentar explicarte una cuestión (mi separación de tu padre) que estoy convencida que tú mismo experimentaras en cuanto avances en tu vida, encuentres una chica, formes una pareja, entiendas que la pareja, es eso, dos personas que se alinean con el amor como eje, que se comprenden, respetan, son cómplices de pequeñas cosas de la vida, situaciones; pero no olvides todo gira en torno a un sentimiento base: EL AMOR.

Este sentimiento de amor, que explosiona en otros muchos, como te he comentado, es patrimonio exclusivo de la pareja. Nada tiene que ver con terceros: hijos, familia, entorno…

Hay parejas que se rompen y no tienen hijos; se ha roto su amor, su complicidad, su comprensión. Existen circunstancias que ayudan a que ese amor se agote, se acabe, se rompa. Pero lo fundamental, no lo olvides hijo, es como una planta, que hay que regar cada día, si no se muere.

La ruptura es por tanto independiente de si existen hijos o no. En el caso de que existan, se añade más complejidad y lógica dificultad a la ruptura y eso determina que a veces se dilata más en el tiempo. Pero de cualquier modo, lo que tienes que tener claro, que igual que en su día una pareja se forma bajo su libre elección, cuando se rompe, es exclusivamente responsabilidad de la misma, DE NADIE MÁS. Es algo que solo compete a los dos miembros de la pareja, jamás a los hijos. No lo olvides ni por un momento.

Tu madre que te quiere.

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