¿Qué estamos haciendo con la Navidad?

Año tras año y cada vez con más frecuencia, oímos el desánimo que invade a algunas personas llegadas estas fechas navideñas.

Todos estamos hartos de que estos días se hayan convertido en sinónimo de consumismo y despilfarro. Regalamos, comemos sin cesar, bebemos, brindamos, pero ¿realmente miramos a los ojos a aquellas personas que tenemos a alrededor?

No hace tantos años, los niños esperábamos con gran ilusión estas fechas. Y no era solo por los regalos, recibíamos tal vez solo uno, aquel que habíamos deseado durante todo el año: la muñeca que andaba, el coche tele-dirigido, el Monopoly con el que jugaríamos tardes enteras con nuestros hermanos, primos y amigos.

¡Y no solo eso!, era el ambiente que se respiraba allá donde fueses, tanto en casa como en las calles. Olor a Navidad, aceras llenas de arbolillos dispuestos a ser adornados en cada uno de los hogares, buenos deseos de felicidad para aquellos que nos rodeaban.

Nos llenábamos de ilusión cuando oíamos llegar al cartero, ¡¡Seguro que traía preciosas estampas navideñas escritas por nuestros seres queridos!! Ahora recibimos mensajes y whatsapp, e incluso enlaces a páginas web donde se nos descargan villancicos y felicitaciones con renos bailando alrededor del árbol.

Esperábamos el día de Nochebuena para comenzar a montar ese Belén para el cual habíamos recopilado durante todos los fines de semana del mes: musgo, arena, piñas... Era una algarabía familiar, ahí nos tomábamos los primeros mantecados, mazapanes... Era un día festivo y entrañable. Se preparaba esa cena que después nos sentaría a todos alrededor de la mesa. Se respiraban olores distintos a otras épocas del año.

Ese día no se recibían regalos, había que esperar al día de Reyes, cada día los Reyes Magos daban un paso hacia delante en ese pesebre casero. Esperábamos con ilusión.

Ahora todo se nos ha ido un poco de las manos, cada año comienza antes la Navidad, la adelantamos, mantecados en octubre cuando aún hace calor. Se comienzan a comprar los regalos en noviembre, regalos y más regalos, envueltos en papeles de vistosos colores.

Las casas se adornan y las ciudades iluminan sus calles en el Puente de la Constitución y de la Virgen de no se que, añadimos fiestas a nuestro calendario: Papa Noél, Black Friday, con la única finalidad de comprar más y más.

Si recordamos las palabras del Evangelio "para ellos no había lugar". Esta frase de San Lucas, referida a la Sagrada Familia, me golpea profundamente. Celebramos la Navidad, pero entre tanto ajetreo,  ansias, gastos... no sabemos que buscamos, que creemos, que queremos...

Preparamos muchas cosas para la Navidad, pero no preparamos lo esencial, nuestra vida, estamos demasiado llenos de nosotros mismos.

Una buena celebración todavía es posible, pero ¿quién está dispuesto a apagar la televisión para detener el bombardeo publicitario?, ¿Quién quiere encender unas velas para dar una atmósfera cálida, comer en buena compañía, ayudando a cocinar los platos, compartiendo las vivencias de los que hace tiempo que no vemos.? ¿Mostrando a los más pequeños que lo realmente importante en la vida no es tener y acaparar, si no ser uno mismo y compartirlo con los demás?

 

Teresa Rodríguez-Passolas Sánchez

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