Los "Adolescentes Dictadores", un problema familiar en alza

 

“Se ha vuelto muy egoísta”, “nos somete a sus caprichos y cree que el mundo gira a su alrededor”, “es violento, ha llegado a agredir a su padre…” Frases como éstas dichas por padres y madres desorientados y preocupados, prolongaron el estudio de investigación realizado por los psicoterapeutas del Centro de Terapias y Atención a la Familia, cuyo director es D. Miguel Sánchez Zambrano.

Las familias base de estudio han sido denominadas como “familias con hijos dictadores” en alusión al comportamiento de cierto perfil de adolescentes que comenzó en su momento a crear alarma social no solo entre los padres sino en la población en general.

Alarma justificada al llegar a situaciones extremas, cuando éste de 16 o 17 años acaba dando muerte a sus propios padres. Se trata de un problema desarrollado en el ámbito relacional de la familia en donde el hijo “toma” el poder de la dirección de ésta, tiranizándola, derivando en un comportamiento altamente conflictivo y en donde los padres demandan ayuda al sentirse desbordados y sin recursos para volver a hacerse con la autoridad sustraída por el hijo.

Conclusiones del estudio

En cuanto a las conclusiones fundamentales a que llega el Estudio, se ha comprobado que la edad del joven conflictivo (el 70% son varones), fluctúa entre los 14 y 26 años, siendo la mayoría menores de 18 años y generalmente primogénito, detectándose que en la mayoría de los padres (60%) que sufren este problema se acude a la madres ante cualquier situación de importancia, con lo que es ésta quién, en principio, carga con unos hechos ante los que se siente totalmente desbordada.

Otra característica que destaca en el Estudio es la escasa normativa que los padres establecen en el seno de la familia (los hijos de un tercio de estos padres carecen de normas), y cuando dicha normativa existe (en el 66% de los casos) gira en torno a los estudios o tareas domésticas. Si los hijos no cumplen las escasas normas, la principal consecuencia en el 40% de los casos es “ninguna” o como máximo se le regaña verbalmente. Y es que la mayoría de los padres se declaran “Ignorantes” ante las reglas que deben imponerse al joven y de las consecuencias que debería tener una desobediencia.

Todo esto hace que en el 46% de los casos, el padre se autodescalifique, siendo la autoridad transferida al hijo en la tercera parte de este tipo de familias. Esto confiere al hijo triangulado una posición de poder que el chico puede llegar a ejercer de modo aterrorizante, constatándose que es entonces cuando comienza a surgir la problemática del “hijo dictador”. En cuanto a la situación socio-laboral y económica de la familia, es de resaltar que los padres trabajan más de 8 horas diarias, haciéndolo además el 42% los fines de semana.

Asimismo, la mitad de las madres trabajan fuera de casa, en trabajos medios o cualificados, y lo hacen entre 6 u 8 horas al día. Los ingresos de ellos oscilan entre 300.0, y 600.000 pesetas al mes, mientras que los de ellas varían entre 120.000 y 150.000 pesetas. Además el 26,6% de las familias declaran poseer ingresos añadidos de entre 100.00 y 300.000 pesetas mensuales.
Por último, en cuanto al ocio y como dato significativo, la mayoría de los padres (el 53%) o bien no salen nunca o salen por separado para el disfrute de su tiempo libre, pero nunca lo hacen juntos.

El conjunto de estos datos sugiere a los Psicoterapeutas autores del Estudio la posible dificultad de los padres por mantener su unión como pareja, con lo que la conducta desquiciadora del joven tendría como función, según una posible hipótesis de trabajo, impedir la posible separación.

En cuanto a los problemas concretos que presentan los adolescentes, el consumo de drogas es el detonante general por el cual los padres acuden a consulta. En cuanto se les brinda la oportunidad expresan, además, todo el comportamiento problemático añadido.
Así en más de la mitad de los casos, la falta de respeto del hijo, la mentira y el enfrentamiento violento a los padres son los comportamientos mayoritariamente detectados.

El Estudio concluye, en este apartado, que los problemas más graves de los adolescentes y adultos jóvenes, implica actos agresivos y autodestructivos, abusos de drogas o alcohol, comunicación extravagante y apatía o depresión extrema.

En cuanto a qué hacen los padres tras el comportamiento problemático del hijo, más de la mitad de éstos, el 53% exactamente, discuten entre sí, creándose una gran tensión familiar, opinando la tercera parte, que el motivo del comportamiento del hijo es no haberse ocupado de él lo suficiente, estando largos periodos de tiempo sin verlo, lo que conlleva cierto grado de culpabilidad en una parte significativa de estos padres, culpabilidad que acarrea cierta paralización a la hora de intentar soluciones.

Soluciones intentadas

En cuanto a las soluciones que los padres han intentado, la gran mayoría (o sea el 60%)) sustentan el diálogo con el chico, aunque reconocen que “no sirve para nada” y en la misma proporción creen que “aún podrían hacer algo diferente para poner solución al problema”, reconociendo hasta el 80% encontrarse, a pesar de lo vivido, con fuerzas para intentar nuevas soluciones, pues la mayoría (el 86,6%) reconocen que su hijo puede comportarse de otro modo, manifestando lo cariñoso, sensible, desinteresado que suele ser el muchacho.

Al mismo tiempo son mayoría, el 73%, los que reconocen no hablar nunca con el hijo de lo mucho que éste hace bien, siendo este hecho fundamental , pues “uno de los principios clave en el tratamiento de los adolescentes y sus familias reside en buscar esferas en las que el chico sea diestro y competente…para que así sea percibido como una persona capaz”.

Posibles Soluciones

Ante la posible intervención terapéutica, la totalidad de los padres opinan que ellos necesitan ayuda y con ésta creen poder lograr que el hijo mejore su comportamiento, entendiendo y aceptando el 86% que un cambio en su comportamiento generaría cambios en el hijo.

Con relación a qué metas alcanzar, los padres desean que su hijo sea honrado, no se haga un delincuente, y se motive para hacer algo en la vida.
Como conclusión al Estudio, sus autores opinan que “cada individuo tiene facetas funcionales que podrán expresarse si el contexto cambia (refiriéndose a las relaciones padres-hijos). Así, el problema no reside en el individuo, sino en el contexto relacional, y cambiando éste se permitirá que se expresen otras conductas diferentes y más funcionales y adecuadas del chico”, tal como los propios padres perciben al expresar que si logran cambiar ellos y sus relaciones entre ellos y para con el hijo facilitarán el cambio de éste, siendo por esto que es imprescindible el trabajo terapéutico con los padres, tanto o más que con el propio muchacho.

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La Inteligencia Emocional

Vamos a denominar la "Inteligencia Emocional" (en adelante I.E.) como la "Capacidad que tiene el ser humano de procesar la información emocional para percibir, asimilar, comprender y manejar las emociones" (Mayer y Salorey, 1997).
Sería, pues, conocer lo que "nos dicen" nuestras emociones, interpretando adecuadamente las mismas, cuando éstas se manifiestan, permitiendo ante todo, que verdaderamente se manifiesten.

Conociendo lo que dicha inteligencia significa, proclamo la intención de este artículo, que no es otra que recuperar el prestigio y necesidad de las emociones.

Los denominados Test de Inteligencia, con los que se obtiene el tradicional "Coeficiente Intelectual" (C.I.) miden las habilidades y destrezas intelectuales de la persona, pero éstas, aún existiendo en grado máximo, se muestran manifiestamente ineficaces a la hora de ayudar a quién las posee a resolver lo que llamamos "problemas de la vida".

Esto es, jóvenes con un elevado C.I. presentan con demasiada frecuencia crisis de angustia, pésima relaciones sociales y un largo etcétera que demuestra que la gran inteligencia de dichos jóvenes no les es garantía de felicidad; ni de desarrollo afectivo. Un C.I. elevado, va a servir para sacar bues notas, a veces casi sin estudiar, con el peligro de creer que todo se puede obtener casi sin esfuerzo y el consiguiente riesgo de no desarrollar un umbral adecuado de aceptación de frustraciones.

Pero ese mismo elevado Coeficiente Intelectual no les aportará nada útil para responder con eficacia a los problemas que las relaciones con los demás y con uno mismo les presenta la vida.

El Coeficiente Emocional

Por todo ello es hora de introducir como fundamental el concepto de C.E. (Coeficiente Emocional). Así este coeficiente, relativo a la Inteligencia Emocional, va a incluir habilidades como la capacidad de autoestimarse, la perseverancia o el autocontrol.

En realidad todo podría reducirse a este último concepto, pues la falta de control sobre las emociones es causa de la mayor parte de nuestro sufrimiento.  Más que sentir miedo, sentirnos culpables o sentirnos rechazados, lo que nos desborda es percibir que no tenemos control alguno sobre esos miedos, culpabilidades o rechazos.

Y es que nuestra vida cambiaría si lográsemos valorar en su justa medida que, por ejemplo, cuando nos sentimos atacados por alguien, esa persona que creemos que nos ataca no hace más que protegerse a sí misma (aunque no entendemos de qué y por qué), en absoluto va contra nosotros; e igualmente cuando creemos que alguien nos rechaza  se disparan nuestra desazón y sufrimiento. Deberíamos saber que seguramente dicho rechazo no es "per se" por algo dicho o hecho, sino que al decirlo o hacerlo hemos "tocado", de modo totalmente involuntario, una herida (emocional en este caso) de la otra persona; puede que una herida profunda que ni ella misma reconoce.

Sería algo parecido a cuando un día de playa acariciamos a alguien su espalda quemada por el sol, sin saberlo. Esa persona nos apartará bruscamente, quejándose.

No es nuestra caricia lo que rechaza sino que responde al dolor causado por nuestra mano al tocar involuntariamente su piel quemada.

En otras ocasiones ante la actitud desagradable del otro tendríamos que plantearnos seriamente que, nuestro autentico problema no es hacer que cambie dicha actitud (a veces nos empeñamos en cambiar en nosotros aquello que no nos gusta).
Nuestro auténtico problema sería qué hacer, cómo nos protegemos, cómo organizarnos nuestra vida del mejor modo posible y a pesar del comportamiento inadecuado del otro.

Y qué es todo lo expuesto sino alcanzar una aceptable destreza en el manejo de nuestros sentimientos, procurando la alianza de la razón y la emoción. Los jóvenes actuales tienden al aislamiento y a la falta d disciplina, no soportan la frustración y sus niveles de agresividad se incrementan. Son hechos que padres y profesores vienen denunciando y que corroboran los problemas emocionales conectados directamente con el comportamiento y las relaciones de los chicos.

Padres y educadores se muestran unánimes en la necesidad de cambiar la forma en la que educamos a nuestros jóvenes. Para ello, la educación emocional (conocer, controlar y desarrollar las propias emociones) es fundamental. Se tratará de llegar a armonizar pensamientos, sentimientos-emociones y acciones. Así, la inteligencia aplicada al mundo emocional nos permitirá, por ejemplo, comprender nuestra ira, asumir los temores, potenciar la alegría y dominar los impulsos emocionales, a veces tan destructivos y frustrantes.

Inteligencia Emocional Intra e Interpersonal

El desarrollo de la I.E. abarca dos direcciones: Hacia uno mismo: "I.E. Intrapersonal" y hacia los demás: "I.E. Interpersonal".

La primera comprende todo lo referente al autoconocimiento (conocer nuestras emociones y por supuesto, vivirlas, esto es, no negarlas, ni menos aún reprimirlas). así si al contemplar una escena de una película o leer unas líneas de un libro los ojos se humedecen no apretaré los labios. Al contrario, permitamos a las lágrimas que alcancen la mejilla y vivamos mentalmente (de nuevo la mente al servicio de la emoción) la circunstancia personal con la que emocionalmente he conectado y que es la verdadera autora de esas lágrimas. Así se desarrollará el control de las emociones, que significa tanto permitirlas (como en este caso de la película) como no permitirlas. Si la emoción es sufriente, la consentiré j¡hasta que se desvanezca por si misma, sin alimentarla, para a continuación repararla con otra emoción feliz que sabré provocar y animar.

El otro camino es el de la I.E. Interpersonal , que comprende el mejor conocimiento de las emociones de los demás y de sus comportamientos que provocan que mis emociones se activen.

Si una pareja no funciona en la cama por un problema de eyaculación precoz de él, posiblemente le eche la culpa a ella, y esto, a la mujer le despertará sentimientos de culpabilidad.

Sin embargo es él quién está proyectando su propia autoinculpación y ella tendrá que, una vez "conocido" esto, ver como "comprende" a su pareja (el amor va a jugar una baza definitiva) y como se "protege" de su actitud que en absoluto va contra ella pues no es más que un modo que tiene el hombre de no enfrentarse a su propio problema. El tendrá que ver su problema como algo que puede ser resuelto, controlando (de nuevo la razón toma juego) su impulso hacia el auto desprecio por "no cumplir" que no hace más que bloquear toda posibilidad de solución. En resumen, para el desarrollo de nuestra Inteligencia Emocional va a ser imprescindible la práctica constante, consciente y voluntaria de una ética que ayude a adiestrar nuestro mundo emocional (a veces un tanto "salvaje"), haciendo que expresemos éste de modo más inteligente, justo y bueno. Y ante todo y por encima de todo el dolor y la alegría que a veces, con tanto cuidado, guardamos no se sabe muy bien pare qué o para quién.

Sufrimiento y Felicidad

  No se trata de rechazar el sufrimiento, sino de "recorrer" éste, profundizando así en el conocimiento de uno mismo, eso sí, sin "acomodarse" en él. Tampoco se trata de provocar artificialmente la felicidad, pero sí de motivarla, de incentivarla, no renunciando a nada ni a nadie que la haga brotar y manifestarse en nuestro corazón y por ende en nuestras relaciones y en nuestras vidas.

 

Miguel Sánchez Zambrano
Psicoterapeuta familiar.

 

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La ayuda terapéutica, entre la psicología y la filosofía. Reflexión sobre el trabajo del terapeuta en la relación de ayuda, en base al pensamiento de la filósofa María Zambrano.

A modo de introducción.

En este articulo pretendo ir entrelazando el pensamiento filosófico-humanista de María Zambrano con los principios básicos que considero han de conformar el trabajo terapéutico.

Éstos serán los apartados de nuestra reflexión: la vocación profesional; el Problema que nos trae la persona y la Solución que anhela; el amor como principal “herramienta” de nuestra labor; el lugar donde trabajamos y por último, el privilegio de ser depositarios de la intimidad de los demás.

La profesión como vocación.

Así es como pensaba María acerca del trabajo de cada cual: “en vez de profesión, debía llamarse vocación”.

Sin duda alguna, la 1ª clave del trabajo del Ayudador (mejor que Psicólogo o Terapeuta) sea sentir nuestro trabajo como una vocación. Sin descartar “nuestras obligaciones” profesionales, vivir el mismo desde la vocación no ya por aquel, sino fundamentalmente por la persona para la que trabajamos. Esto va a marcar muy significativamente nuestro quehacer diario.

El problema y la solución.

Los Ayudadores, antes que centrarnos en los problemas y dejarnos “seducir” por ellos, debiéramos esforzarnos en elaborar posibles soluciones. El problema es como la oscuridad, que sólo desaparece al hacerse la luz.

Tendríamos que combatir dicha “seducción” y no enredarnos en su red. La luz es la única que no teme la oscuridad, cómo la solución no teme al problema. Por el contrario éste sí que huye de aquella, pues ante ella, solo le toca morir, desaparecer. Por eso, el problema va a usar todas sus artimañas para “seguir vivo”. La mentira y el engaño, el “lo mismo, después de tanto tiempo, vas a estar peor sin mí”, va a ser su arma seductora.

Suele pasar que aprendamos a manejarnos cómodamente en la oscuridad (el problema). La vista se acostumbra a ella. Sin embargo, el Sol (la solución) nos puede cegar y si no estamos preparados, nos puede quemar. A la luz (la solución) también hemos de acostumbrarnos y en los primeros momentos, quizás tengamos que ayudar a la persona a usar gafas oscuras.

El germen de la solución se encuentra latiendo ya en el propio problema. Dicha solución lucha por salir de su matriz (el problema) y a veces, cuántas veces, hemos sido testigos de ¡cuán difícil se hace el parto!

Así es como pensaba María Zambrano cuando expresaba que: “La noche es una oscuridad transitoria que conduce al alba”.

Y es que la noche (el problema) es la matriz donde se forja el amanecer (la solución). Parafraseándola podemos decir (y así nos lo dice nuestra experiencia de trabajo) que el problema y su correspondiente sufrimiento son oscuridad, la “noche oscura” de San Juan de la Cruz. Pero una oscuridad transitoria, que conduce irremediablemente a la luz, al despertar, a la solución.

Las personas que acuden a nosotros día a día, vienen cargadas de problemas por los que no son felices, buscando soluciones. A todos tenemos que decirles y decirnos a nosotros mismos, que las soluciones no las encontraran ni en nuestro despacho, ni en ningún otro lugar, pues las soluciones, las de verdad, están en nosotros mismos, en nuestro propio centro interior. Si en nuestro interior hemos forjado el problema, en ese mismo lugar, vamos a encontrar la solución.

María Zambrano, en este sentido, nos da ejemplo de cómo lograr resolver de modo admirable (casi envidiable) uno de sus principales problemas como lo fue su exilio de 1939. Más que problema, fue un auténtico drama humano sufrido por mi tía y su familia y que afectó a todas las facetas de su vida. No obstante, ese gran drama, lo supo reconvertir en materia de creación, acabando por reconocerlo como su “auténtica patria” (así es como María redefinió su exilio). Reiteradamente así lo manifestó ella misma.

La palabra, nuestro bisturí.

Trabajamos con la palabra, (pincel del artista, cincel del escultor) y con ella, como si de un bisturí se tratase, hemos de llegar al corazón de la persona, dónde radica el dolor por los problemas que nos exponen. Pero, atención, en nuestro trabajo no existe la anestesia, por lo que el sufrimiento durante el “proceso de solución” está asegurado. Es por lo que al tratar los problemas, vemos cómo la persona a veces se “rebela”, otras se enfurece, cambian su cara, se alteran e incluso…, no volvemos a verla. Quizás el dolor fue demasiado intenso, quizás no atinamos a ir con la lentitud y sensibilidad requeridas, quizás aún no era “su momento”. Como a veces (¡tantas veces!), nuestra palabra (reflejo y devolución de lo que la persona deposita en nosotros) va a producir dolor, hemos de lograr envolverla en suavidad y hasta ternura, osea en una sensibilidad extrema. Los ayudadores hemos de ser conscientes del dolor que supone tocar las heridas del alma, esas que duelen de verdad y que hasta pueden sobrevivir al tiempo, porque suelen ser atemporales, porque si no se curan, pueden ser eternas, como lo es todo lo que es trascendente e importante.

Esas heridas representan lo más sagrado del ser humano y en ellas se alberga su vulnerabilidad y fragilidad, al tiempo que al sanarlas van a ser su fuente de crecimiento.
Entonces nuestra palabra no puede ir sola. El “decir al otro” ni siquiera resulta ser lo más importante. Nos la jugamos en el “cómo” comunicamos. Ese “cómo”, sería la música que acompaña la letra de una canción. La letra es lo que transmitimos, pero la música es la que permanece. Recordar una canción no es decirla, es tararearla y para eso nos basta la música, que siempre recordamos.

Las personas pueden que olviden lo que les decimos o sencillamente, reinterpreten nuestras palabras, haciéndolas así suyas. Lo que recordarán será la música, el “cómo” les dijimos lo que les comunicamos. Y ese “cómo”, esa “música” tiene mucho que ver con la vocación.

El amor como “instrumento” de nuestro trabajo.

Además de la palabra, nuestra herramienta esencial, son otros muchos los recursos de que disponemos los Ayudadores. Los mejores a los que un profesional puede aspirar, serían: cercanía, apertura de mente y corazón, sensibilidad y amor. Y es que no se puede intervenir en el corazón de la persona si no se ama a la persona en sí misma, sea esta quien sea. Así pensaba María Zambrano sobre este “gran instrumento”: “El amor en el mundo cristiano redime, no al que lo siente como en Platón, sino al que lo recibe. El amor desciende a quien no lo espera, a quien cree no merecerlo, y vence al rebelde, al que se resiste. Es la victoria en la que no existe el vencido”. Por tanto, magnifica y segura “herramienta” la del amor, el amor al ser humano por ser tal. Y naturalmente, el amor a nuestro trabajo, que de nuevo tiene todo que ver con la vocación.

El Lugar de Trabajo como lugar de encuentro.

Nuestro ámbito de trabajo debía ser un lugar de acogida, un lugar de encuentro, un lugar de sosiego y descanso, un “aparcamiento” de “noches oscuras” y un espacio de gestación de amaneceres, de soluciones; un lugar donde la persona encuentre estabilidad y certidumbre y donde en definitiva y lo más importante para nosotros los ayudadores, nos encontremos con nosotros mismos, con lo mejor de nosotros mismos, desechando lo que nos condicione, lo que nos ahogue, los que nos descentre, en definitiva lo que nos distraiga del cometido que vamos a desarrollar con la persona.

Si vamos a ayudar a la ésta a encontrar su solución, dejemos fuera de nuestra mesa de trabajo nuestros propios problemas, evitando hacer realidad el dicho: “en casa del herrero, cuchillo de palo”. ¡Qué nuestro cuchillo sea del mejor metal”.

Cada nueva entrevista o consulta, debería comenzar más o menos así: “Hola, qué tal; bueno soy todo oídos, cuéntame cómo va todo desde el último día que nos vimos…”, quedando, una vez más en espera de que la persona vacíe su corazón, se desahogue, como paso previo a co-construir junto a ella su propia solución.

El privilegio del Terapeuta.

No debemos dudarlo: el trabajar con las personas, con su intimidad más preciada (tantas veces doliente) nos hace ser seres privilegiados. No trabajamos con aparatos o máquinas, trabajamos con lo más preciado de la Creación: las personas. Nuestro objetivo será ayudarlas a lograr una vida más feliz y gratificante, superando lo que les hace sufrir. Como destacamos más arriba, llegar a la luz, derrotando la oscuridad.

Sé que en ocasiones, debido a los problemas que nos exponen, este trabajo se hace difícil, y a veces doloroso, pero también he sentido cómo se goza cuando tenemos el privilegio de ser testigos de que la persona ha logrado su objetivo, ha alcanzado su solución.

En definitiva, se ha hecho a sí misma un poco más libre y feliz.

Sólo me queda desear que dichos momentos de disfrute sean los que prevalezcan en cada uno de nosotros, los Ayudadores, y naturalmente, en las personas que decidan acudir y confiar en nosotros.

Y para terminar, parafraseando en sus versos a Gustavo Adolfo Bécquer, bien podría ser este el resumen de todo trabajo de Terapia:

1. “Del salón en el ángulo oscuro (lo oculto),
2. de su dueña tal vez olvidada (evitada, apartada),
3. silenciosa y cubierta de polvo (tapado desde siempre),
4. Veíase el arpa (lo que la hay, lo presente).
5. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas…! (cuánta información guardada, silenciada),
6. Esperando la mano de nieve (la pregunta terapéutica),
7. ¡Qué sepa arrancarlas!, (sacarlas a la luz)”.

① En la historia vital de cada persona, siempre hay “ángulos oscuros” que ocultan experiencias dolientes.

② y por el mismo dolor que producen, solemos olvidarnos de nosotros mismos, evitando así enfrentarnos a ellos.

③ ¡Cuánto tiempo oculto! Y por tanto, “cubiertas de polvo” esas experiencias dolientes.

④ Pero sin poder ocultar la realidad de hoy, manifestada en las consecuencias de lo que ocultamos.

⑤ Esas consecuencias, guardan una extraordinaria información, hasta hoy silenciada.

⑥ Hasta que el Ayudador-Terapeuta acierte con la pregunta o el comentario certero, cabal…

⑦ que hace que dicha información emerja, salga a la luz, posibilitando que la solución se abra paso…

                     …Y cuantas veces este último paso (por qué no, poético) ¡parece un milagro!

Miguel Sánchez Zambrano, Ayudador y Terapeuta, sobrino de María Zambrano.

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Problemas en la relaciones de pareja o con los hijos. ¿Cuándo acudir a un Centro de Terapias especializado?

La familia se fundamenta en la relación de pareja. Si esta es sólida, estable y bien construida, la familia como sistema vivo contará con los recursos suficientes para abordar la complejidad de las relaciones.

Todo empieza en esta frase. Una actitud inadecuada (aunque muy romántica) será si nos creemos, respecto a la persona amada, que necesitamos de su amor para sentirnos completos.

El planteamiento adecuado, sano y crecedor  sería algo así: "yo estoy completo en mí mismo. Soy mi naranja entera, me siento pleno en mi amor propio y quiero compartirlo contigo. Si tu estás en la misma situación, ¡compartamos este amor que sentimos!.

De ese compartir, surgirá, "nacerá" la "primera hija", esto es, la "relación de pareja". Desde ese momento, las matemáticas fallan pues 1+1 ya no será igual a 2, sino a 3; un miembro de la pareja, el otro miembro y la relación nacida entre los dos.

Ésta necesitará todos los cuidados y atención posibles. Cada uno podrá vivir sin el otro. La que no podrá hacerlo será la relación surgida.

A continuación vendrán los demás hijos y entonces una clave fundamental, que rara vez se cumple, será seguir alimentando esa relación, que con frecuencia queda "en pausa". Se "olvida" la relación de pareja, incrementándose a tope la relación como padres. Si así fuere, puede comenzar casi imperceptiblemente una cesión del poder relacional a estos hijos y sucede cuando todo empieza a girar en torno a sus necesidades, olvidando las necesidades que sigue teniendo la relación de pareja. En el peor de los casos (cada vez más frecuente), el hijo va ganando en poder relacional, girando la vida familiar en torno a él, pudiendo llegar a convertirse en un chico "dictador" que puede llegar a amenazar y chantajear a sus padres, con tal de lograr el capricho que desee.

¿Cuándo acudir a Terapia?, sencillamente cuando ambos miembros de la pareja no logren solucionar los problemas que les hacen sufrir, tanto a nivel de su relación, como de la relación con los hijos.

En el primer caso, el trabajo se centrará en erradicar lo que no funciona de cada uno y que hace daño a la relación y al tiempo, potenciar lo mejor de cada uno y dar así nueva vida a la relación. La infidelidad, la violencia física o psicológica, los prontos emocionales... nada de ello es realmente el problema, sino el síntoma de algo más profundo, que será lo que haya que solventar en terapia, siempre que el amor siga estando presente, definiéndose este como "las ganas que yo tengo de que el otro (la otra) se sienta amado por mí".

En cuanto a la conflictividad con el hijo, el trabajo se centrará en que los padres recuperen el control relacional. El hijo ha tomado un poder que no puede ni sabe manejar, estrellándose en su propia vida, sufriendo él y haciendo sufrir a los padres. Ese hijo necesita ayuda y esos padres, la necesitan igualmente y ante todo, para ayudar al hijo a salir del embrollo en que se encuentra.

En el "Centro de Terapias y Atención a la Familia", (homologado-acreditado por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía), trabajamos con una experiencia acumulada de más de 35 años, bajo los postulados de la Terapia Familiar Sistémica. Un equipo altamente especializado (Psicólogos y Terapeutas, Pedagogos y Educadores, Abogados, Trabajador social...), aborda el amplio abanico de problemas que se dan en la familia: adicciones, fobias, ansiedad, depresión, bajo rendimiento escolar, etc, además de los problemas de pareja o con los hijos.

El Centro ofrece terapias de 3ª generación (Mindfulness y Biodescodificación), así como un Programa completo de terapias Naturales (Quiromasaje, Reiki, Flores de Bach, etc.). Además cuenta con un Programa especifico de atención a personas dependientes y otro de Formación en Terapia Sistémica, habilidades Sociales y Análisis Transaccional, para estudiantes y profesionales. El servicio para orientación a padres y profesores de centros escolares, completa la oferta del "Centro de Terapias y Atención a la Familia", que cuenta con tarifas especiales para estudiantes, desempleados y tercera edad.

Miguel Sánchez Zambrano

Publicado en Ideal el 3 de mayo de 2017

 

 

 

 

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